LA ÚLTIMA PUTA DEL CHOMBI






Cuando la vio -aquella mañana de diciembre-, sentada tres o cuatro banquillos antes del altar, Diógenes Pineda sintió que aquella niña, 20 años menor, se asemejaba como a una santa de cera de esas que se ven en las iglesias. Como dice la canción, “ella era fina y sencilla”.

Se conocieron y comieron unas barquillas en el Crema Paraíso de Bello Monte. Llegaron montados en la moto Vespa de Diógenes, ella el cabello pardo volando sobre sus mejillas infactadas de rosetones.

Luego no se vieron más por un par de años. Hasta que Diógenes decidió agregarla al Facebok. ¡Cuál no sería su sorpresa! Aquella niña con cara de santa podía verse en París, en Madrid, en Punta Cana, en Baires, viajando a todo trapo.

¿Y quién pagaba el Champagne junto a la Torre Eiffel? !El Sugar Daddy! Pasó un año más.

Y la niña, que así la llamaremos, apareció en el barrio de Diógenes, y se acostó con su hermano, y todos los tipos que menos él hubiera pensado y deseado. Aún así, le tenía un poco de lástima. La sumó a su harem. La niña fue la última puta del Chombi, que así le decían a Diógenes. Ya tenía suficiente. Cuando otra puta fue a pedirle entrada, le dijo: “no, mami, estamos completos.



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