SA7AN
SALMO 1
1 ¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
2 sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
3 El es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.
4 No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.
5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;
6 porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.
1ra PARTE
Se sentó con desgano en la estrecha, pero confortable, butaca del cinema. Era estrecha, sí, pero estaba forrada con una especie de terciopelo beige, desvaído pero suave.
Los proyectores se encenderían de un momento a otro para deslumbrar a los pocos asistentes a la sala -emparedada con listones acústicos de madera-, con la célebre cinta, Mephisto.
Ya que la sala estaba casi vacía -era una función de matiné-, Jack Montero tomo una butaca privilegiada: al centro, en la quinta fila desde la pantalla hacia arriba.
En la cuarta fila, diagonal a él, una pareja de universitarios conversaba en tono bajo, pero audible.
-Dicen que Dostoievski estaba obsesionado con Satán -dijo el chico, la melena rubia cubriendo su nuca-.
-Sí, eso he leído -ripostó la chica, con haircut estilo pank-.
No cabía esperar el arribo de muchos más espectadores -era una sala para 35 personas, y habrían unas 10-, de modo que las luces de la sala se apagaron, en fade out. Comenzó la parte de publicidad, mientras el crujir de las cotufas, al ser masticadas por los asistentes, le hicieron sentir que ese pequeño puñado de cinéfilos era -por qué no- en cierta forma su familia.
I
Mephisto. En el rol del Maligno, Klaus María Brandauer. Dicen que el Diablo sabe más por viejo, que por Diablo. Los Rolling Stones han hecho historia como “Sus Majestades Satánicas”. ¿Y a quién no le gusta ver a Mick Jagger de 81 años corriendo como un adolescente sobre el stage? ¿Quién no ha bailado a rabiar con “Simpatía por el Diablo”?
Es claro, que el mejor truco del Demonio es hacernos creer que no existe. Que su mayor habilidad es la mentira. Pero todos tenemos por dentro –en cierta medida- un poco de Satán. Digamos, cada quien tiene su lado oscuro. No hay católicos químicamente puros. Todos los católicos libran una lucha diaria entre su ángel y su demonio.
Jack era uno de ellos. Si bien era católico practicante, le daba a la botella como Bukowski, iba cada fin de semana de hembra en hembra, de hombre en hombre, de hambre en hambre. Y es que, en cierta medida, los católicos siempre han sido así.
Basta leer la novela Los Borgia, obra póstuma del maestro de la literatura de la mafia, Mario Puzo, para entender que incluso los religiosos pueden llevar una vida disoluta -sea esto bueno o malo-; no haremos juicios de valor, porque ya lo dijo Wilde: “toda simpatía ética en un artista, en un amaneramiento imperdonable de estilo”, palabras más, palabras menos.
Para Puzo, Rodrigo Borgia (el papa Alejandro VI) había sido el primer gran Padrino de la Historia; y los Borgia, la primera gran familia de la mafia. Alejandro VI –Puzo se apoyó para redactar la obra, que remataría su compañera, Carol Gino- en un importante historiador estadounidense-, había tenido varias mujeres, y varios hijos con las mismas.
Actualmente –diremos el pecado, pero no el pecador-, hay verdaderos criminales en el tope de la vitrina vaticana.
¿Los santos? Los santos suelen ser pobres, y a menudo han nacido en buena cuna, como Ignacio de Loyola, pero han renunciado al mundo por el Evangelio. Pero para los cristianos de a pie, es un poco lo que decía Nicolás Maquivelo: "Un hombre que quiere ser bueno entre tantos que no lo son labrará su propia ruina". Tal vez sea lamentable, pero es la pura verdad.
Por eso, algunos psicólogos invitan a familiarizarse con el propio lado oscuro, a tocarlo, olerlo, sentirlo y perderle el miedo. Jack tenía 20 años haciendo terapia con uno y otro psiquiatra, y seguía siendo el mismo chico malo, que jugaba a que era El Acertijo, en el patio de su abuela materna, allá arriba, en el Barrio Luis Hurtado, de El Junquito.
II
A los 18 años, siendo estudiante de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (UCV), trabó romance con una de sus profesoras. La “teacher” le llevaba al menos 20 años de vida. Y, un día, en medio de una sesión de sexo brutal, la "profe" sacó de su cartera una bolsa de cocaína. Desde entonces, Jack se haría adicto. Y, un par de meses después, selló un pacto con el Diablo.
¿Para qué era el pacto? Para ganar sexo, drogas y rock and roll; y dinero, mucho dinero. ¿A cambio de qué? De que cada diseño arquitectónico que llevara su sello, debía haber sido dirigido por Mandinga (como se conoce al Maligno en la provincia venezolana).
En efecto, pasaron los años, y Jack acaba de cumplir 42 años. Ahora era él quien daba clases en la Facultad de Arquitectura de la UCV, y –si bien se había hecho católico practicante-, sus clases estaban dictadas por el Diablo. Su compromiso en el pacto se constreñía solo a eso: su trabajo como arquitecto; de resto, al Maligno la valía madre si Jack hacía el Rosario, se confesaba o comulgaba.
Ahora, si bien no era Bill Gates, ni Carlos Slim, tenía mucho dinero. Pero había algo que todavía no había podido comprar: paz de mente. Sin embargo, vivía en una espacioso Pent House en Chulavista, tenía un BMW, y –aunque era cierto que el amor le había sido esquivo- pensaba como Nietzche: “la felicidad no consiste en estar enamorado, sino en estar tranquilo”.
No obstante, esa lucha interna –especie de culpa-, que llevaba por dentro, corrompía la tranquilidad que le había dado el dinero. Quizá tenía tranquilidad, pero no paz de mente. Toda Caracas estaba pespunteada de sus malignos edificios, de sus abyectas casas, de edificios de oficinas que –angulosos, con mucho color negro, y manejados con Inteligencia Artificial (IA)-, parecían ruinas del fracaso de Dios.
III
Jack Montero era un voraz lector. Su escritor preferido era Fiódor Dostoievski, y para él había sido una especie de epifanía cuando –leyendo Los Hermanos Karamazov- topó con esta frase: “Dejadme ser vil y rastrero, pero permitid que bese el sudario que envuelve a mi Dios. Pues, aunque siga al demonio, sigo siendo Vuestro hijo, oh Señor, y Os amo y siento esa dicha sin la que el mundo no puede existir”.
También era un gran seguidor del rock argentino, y había una canción de la legendaria banda Seru Giran –los Beatles argentinos-, que se llamaba “Encuentro con el Diablo”. La escuchó por primera vez, porque la "profe" en cuestión se la había dado a escuchar. El principio de la letra decía: “Nunca pensé encontrarme con el Diablo, tan vivo y sano como vos y yo”. También fue una revelación.
Jack tenía unos 20 años haciendo terapia conductista: para él su lado oscuro era cosa natural. “Los católicos siempre hemos sido así; la misa en la mañana y el burdel en la noche”, soltaba una risotada cuando alguien le soliviantaba en torno a sus dos caras.
Mephisto es la historia de un actor de teatro, que vende su alma al Diablo. En aquella función de matiné, no pasó nada del otro mundo. Era la 5ta vez que veía la cinta. Pero hubo una convicción que se reafirmó entre su pecho y su espalda: algún día tendría que rendir cuentas ante Dios.
“Es sólo una parcialidad de mi vida”, se dijo a sí mismo, para tranquilizarse. Al encenderse las luces la sala, una vez terminada la función, el guía del cinema abrió las puertas de la sala para que la gente saliera. Un cierto resplandor lo encandiló por unos segundos. Sin sombra no hay luz, recordó el histórico disco de Sentimiento Muerto.
“Tu depresión se origina porque nunca has amado a ninguna de tus parejas”, le había dicho su analista. Y eso era cierto, cuando estaba con un hombre o un hembra, le interesaba el cuerpo, no el alma. Había llegado a querer a unas dos o tres mujeres. Pero sus vínculos sentimentales siempre terminaban a las putadas; siempre resultaba “maleteado”.
Dio fuego a un rubio king size, y se montó en el lustroso BMW. “No tiene tanta importancia”, pensó. Y luego hizo una brevísima plegaria a Cristo: “acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”.
IV
Llegó a casa, y un par de gatos persa, le dieron la bienvenida, rozando sus piernas y haciendo graciosos espirales con sus colas gatunas. Se desvistió. Se dio una ducha de agua helada, y se enfundó en unos bóxer hogados de algodón. Se sirvió un whisky en las rocas, y llamó a Estela, su amante de turno.
-Hola, mi bella
-¿Cómo te fue en el cine?
-Bah… tipo normal… he visto Mephisto -con esta- 5 veces…
Era sábado de tarde. Cruzaron unas pocas palabras sobre la cinta y acordaron que ella pasaría la noche con él.
Tomó tu tableta y revisó las noticias: la guerra entre Israel y Hamas; la guerra entre Rusia y Ucrania; las presidenciales en EEUU y Venezuela. Corría el año 2024, y el movimiento LGTB+ cada vez era más fuerte. No se sentía militante, pero era –digamos- “gay friendly”. Era verdad que de vez en cuando se jugaba una faena ruda con otro hombre; pero su plato fuerte eran las mujeres. Según lo que podía verse en la prensa mundial, eran tiempos de Satán.
Niñas de 13 años cuyos padres admitían en ellas un cambio de sexo. Que si los binarios y los no binarios; que si la generación de cristal entendía los vínculos de pareja desde algo llamado “poliamor”, o sea, establecían un noviazgo, pero cada quien era libre de hacer lo que quisiera con su cuerpo. No podía evitar sentir distancia de tanta rareza. Él sólo era un chicho hedonista, que hacía el Rosario a diario, se confesaba cada dos o tres meses, y comulgaba cada tanto. Si bien estaba bajo el hechizo del Maligno, se esforzaba por hacer el bien tanto como podía. “Soy un bien tipo, si hay alguien bueno en este planeta”, analizó para sus adentros.
Fue a la cocina y montó un café bien cargado. Lo tomaba sin azúcar, porque su dietista le había dicho que el azúcar era veneno, y hacía muchos ejercicios cardiovasculares. De modo, que tenía un cuerpo a la medida. Tanto hombres como mujeres se le daba con facilidad.
Acaso, a su muerte, tendría que pasar por un determinado purgatorio; nadie quiere ser pobre, y, ¿quién podía culparlo por querer ser un tipo rico y exitoso? Ni siquiera Cristo. Confiaba en pasar por el rasero de la Misericordia divina, que por el rasero de la Ley de Yahveh.
Echó a andar OK Computer, acaso el mejor disco de la banda británica Radiohead, y se sentó en su mesa de diseño. Y allí estaba, a un costado de la pared: una calcomanía con la estrella de Satán. Cuando trabajaba en algún proyecto, el trazo fluía solo. Era verdad que tenía pacto; pero regalaba prácticamente sus invaluables conocimientos a sus alumnos de la UCV. Sería perdonado a la hora de su muerte. Eso pensó. Y empezó a dibujar el cuerpo de una mujer en cueros.
V
Estella llegó a eso de las 9 pm. Jeans holgados y franela cuello en V, marca Ovejita; una rosario pendía de su cuello, de madera, gastado y con una imagen de la Guadalupe.
Despacharon un par de rones con Coca Cola, escuchando un disco de Héctor Lavoe, y el Diablo se les metió en el cuerpo: a la cama.
Hubo fuego. Pasión y furia. Estella la practicó a Jack una felatio suave y dilatada. Y luego él entró en ella suavemente, mientras la cosa se ponía peor. El clímax fue simultáneo.
Se dieron una ducha de agua tibia juntos, y se besaron tiernamente. Era verdad que no la amaba, pero la quería; su compañía era un trozo de Dios en medio de su pelea interna entre ángeles y demonios.
Decidieron pedir un delivery opíparo de sushi. Y, mientras llegaba la moto, conversaron relajados y –por qué no- podría decirse que “felices”.
-¿Sabes, Estella? En mi corazón está Cristo; María Santísima y todos mis santos; pero tú sabes –porque eres mi más íntima amante-, que tengo pacto con Satán. Esta tarde en función de matiné vi Mephisto por 5ta vez. La sala estaba casi vacía. Y sentí que todos los que estábamos allí, éramos –en cierta forma- una pequeña familia…
-Te entiendo…
-Me he confesado mil veces con el padre Querales, mi guía espiritual, y le he contado de mi pacto. He tratado de romperlo. Pero creo que eso ya no es posible. Sólo a la hora de mi muerte tendrá final. Sólo en ese momento, y después de haber pasado por quién sabe qué aciaago purgatorio, tendré la paz de la vida eterna…
-Bueno, Jack, todos tenemos un lado oscuro. Ahí tienes The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd. De Star War dices que te sientes identificado con Darth Vader –sonrío, y la pasó la mano por su mejilla con cariño-. No te atormentes. El día que te hiciste periquero el Diablo entró en tu corazón, mi bello.
-Es una droga del Demonio.
-Bueno, todos tenemos una adicción…
-Sí, no creo que Jesús me vaya a mandar al Infierno, pero el costo que tengo que pagar por ser quien soy es carecer de paz mental, sufrir de pesadillas, ataques de pánico, dependencia del Lexotanil, etcétera. Mi analista me ha dicho lo mismo que tú; que todos tenemos un lado oscuro. Y pienso en aquel álbum de Sentimento Muerto, Sin sombra no hay luz.
-Yo también soy católica. Y no tengo pacto alguno con el Maligno. Pero creo que te ahogas en un vaso de agua. Te gusta el sexo, las drogas y el rock and roll. Cuando eras adolescente ya Fito Páez hablaba de los poetas malditos como inspiración de sus líricas. Y ahí descubriste Las Flores del mal, de Baudelaire. Chico, eres un tipo dark. Mantén tu fe católica, pero tienes que saber que todo el dinero que has hecho gracias a ese pacto no te servirá de nada cuando mueras. Tendrás que pagar el costo. Let it be. Deja que la vida hable, porque la vida siempre tiene la razón, como decía Rilke…
Sonó el timbre del Pent House, que tenía ascensor interno; Jack bajó a buscar el banquete de sushi que habían ordenado. A la mañana siguiente, Jack Montero tenía una reunión con una eminencia, una gran curador de artes plásticas, que había sido un estrecho colaborador de Cruz-Diez. Era un tipo de mucho dinero. En Venezuela se vivía una bonanza. Y Porlamar estaba siendo convertida en una especie de Dubai. De modo que –siendo la cita a las 9 am- él saldría a las 8:15 am, mientras Estella se quedaría profunda, en los brazos de Mofeo.
VI
Durmió mal. Se levantó a eso de las 2:30 am, se sirvió un café negro sin azúcar, y se puso a hacer el Rosario, oyéndolo en YouTube. Se tomó un lexo. Volvió a la cama, pero a las 5 am ya no podía dormir más. El cliente quería algo parecido al Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia (España), pero con mucho negro; la idea era, en realidad que fuera una gran museo, con obras de artistas como Botero, Dalí, Gego, Jesús Soto, los desnudos de Picasso, etcéra. Estaban en juego un buen fajo de millones de dólares.
Entró en Internet y revisó las características del museo valenciano. Y pensó: será una media esfera, pero con un toque de Gaudí. “Poca gente sabe que está abierto un proceso de beatificación de Gaudí”, se dijo a sí mismo. “Ese será mi diezmo. Lo demás, será como el nido de Satán”.
Llegó la hora de alistarse, comió un par de tostadas con huevo frito, y jugo de naranja. Se vistió de estricto flux y corbata, y se caló las gafas rojas de marca Dolce & Gabanna.
Encendió el BMW, y bajó hacia Altamira. Allí lo esperaba Jacinto Cova, un empresario del arte –sobre los 70 años-, con una propuesta comercial y de diseño.
En Porlamar había florecido la mejor gastronomía, los centros comerciales, los edificios de oficinas, las playas estaban limpias y bien provistas de puestos de comida y bebida. En fin, según se le antojaba, el cliente quería una especie de Poliedro; algo similar, pero no exacto.
Paró el coche en el estacionamiento de la Torre High Class, y subió hasta ell piso 10, donde lo esperaba su cliente.
-Buen día, señor Cova, espero que todo marche OK –dijo con simpatía irresistible-.
-¡Caramba! Nada más y nada menos que Jack Montero; el arquitecto del mal…
-Jajaja –soltó una risotada Jack Montero-, al tiempo que ripostó: no diga eso que yo sólo soy un buen tipo…
-Bien, Jack, ya usted recibió la propuesta por escrito. ¿Qué nos propone?
-Bien, señor Cova, si la idea es inspirarse en el Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia, creo que vale hacer un paralelismo con el Poliedro de Caracas, guardando las distancias. ¿En qué sentido lo digo? Bueno, ambos son mitades de una esfera.
-Exacto. ¿Y cuál es su propuesta?
-Bien, no me gusta copiar a nadie. Pero habrá mucho negro, combinado con beige, para relajar los sentidos de los visitantes, y dar un toque de bondad al lugar. Será una media esfera, pero totalmente negra y lisa; ¿Cuál es la diferencia? He decidido ponerle una pizca de Gaudí a la obra. La media esfera estará rodeada en todo el círculo por una fuente de colores, salvo una entrada principal que será como una suerte de puente. De alfombrav roja. ¿Sabía usted que George Lucas se inspiró en ciertas esculturas de Gaudí para diseñar el casco de Darth Vader?
-¡No! No sabía eso…
-Pues, sí, así es. Trataré de emular cuatro especie de guardianes, uno en cada esquina del Museo, emulando el casco de Darth Vader.
-¡Wow! Es una idea genial. El trato está cerrado. Luego discutiremos sus emolumentos…
Los dos acaudalados personajes se quedaron compartiendo algunas galletitas dulces, con café y agua. Ya con ese proyecto, cuyo 50% del pago iba adelante, Jack Montero aseguraba su año 2025. Se sintió feliz, exhaló un suspiro de satisfacción y se despidió de su cliente.
Volvió a su casa, y Estella estaba todavía dormida. Se acostó a su lado, le pasó una mano por la cintura, y ella lanzó un gemido gatuno; sabía que venía otra faena.
-¿Cómo te fue? –preguntó ella-.
-De puta madre –contestó Jack.
Y se hicieron el amor suavecito. Hasta quedar satisfechos. Corrían los primeros días de noviembre. Ya venía la Navidad, y Jack descansaría de sus clases en la UCV, y de toda responsabilidad como arquitecto. Quería vivir la Navidad no como una rumba, sino como el nacimiento del Redentor.
VII
Desde niño, Jack Montero se había sentido imantado por todo lo que perteneciera al mundo de la oscuridad. Cuando caía la noche, era feliz. Cuando su madre –una mujer sobreprotectora e hipernerviosa-, le compraba un pantalón negro, era feliz. Cuando el juguete que le traía Santa Claus era de color negro, era feliz.
Y que hay quien nace en la cara mala del mundo, y lleva marca del lado oscuro. Su padre, por su parte, era un truhan alcohólico y mujeriego. La historia de su familia paterna estaba signada por el crimen, y la mafia de los contrabandistas del Zulia.
Por ejemplo, un personaje que Jack había estudiado con detenimiento era Pablo Escobar. Su artista plástico favorito era Damien Hirst. También en el espacio que separaba su mesa de diseño, del amplio ventanal –más arriba- con vista panorámica al cerro Ávila, una reproducción fotográfica de “Por el amor de Dios”, un molde de platino de una calavera humana incrustada con 8601 diamantes, incluido un diamante con forma de rosa justo en la frente de la calavera, diseñor de Hirst.
Producir dicha obra había tenido el costo de 14 millones de euros. Jack Montero amaba el arte, y, por supuesto, como arquitecto tenía una cultura poliédrica de las artes plásticas; pero odiaba a los artistas de buhardilla. Su parecer, es que si algún artista es un genio, asimismo debe ser capaz de generar abundantes riquezas.
“Por el amor de Dios” había sido presentada en la Galería White Cube, bajo la exposición titulada Beyond Belief, a un costo de 50 millones de euros. Aparte de la estrella de Satán, y la foto de la obra de Hirst, tenía un pequeño Darth Vader de lego, al extremo izquierdo. Lo demás eran stickers amarillos con anotaciones, ideas, y pequeños aforismos.
También era un lector voraz de los malditos, de Baudelaire a Bukowski, pasando por Vargas Vila, hasta llegar a Ramos Sucre.
Montero traía en la sangre varias generaciones del peor alcohol. Pero había hecho un master en la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, una de las más de 240 universidades jesuitas del orbe entero. Se había bautizado de niño, hizo su primera comunión, y su confirmación. Pero al entrar en la adolescencia se desprendió de todo eso; fue a los 23 años, cuando estudió en la Javeriana que conoció al padre Miguel Della Vocc, Sj.
Jack trabó una íntima amistad con el jesuita, y conoció la historia de San Ignacio de Loyola: un militar encunbrado, que renunció a la fortuna familiar, las armas y las mujeres, por el Evangelio, luego de recibir un balazo en una pierna durante una batalla.
En realidad, Montero no era un mal tipo. Pero su lado oscuro a veces lo dominaba; era entonces cuando se iba a un bar gay, se levantaba un negro corpulento, y se dejaba sodomizar con fiereza. Era como tomar un Martini, de vez en cuando. Su plato fuerte eran las mujeres. Y tenía, a la par de Estella, a los amantes más: Mimí y Sasha.
VIII
Como ya se dijo, Jack estaba en los 42 años y era profe de arquitectura en la Central; pero tenía una debilidad: las lolitas. Sasha era una nena de 21 años -alumna suya-, con labios carmín –como una placenta de bebé-, los ojos entre verde y gris, que emanaban especies de chispas lunares, astrales. Sabía que no estaba bien, pero acabó en la cama con ella. Su cuerpo era el de una modelo, todo estaba bien dimensionado, los pechos –siliconas mediante- redondos como una naranja, los caderas marmóreas parecían esculpidas por Miguel Ángel, y su sexo era cálido y afeitado al estilo “mohicano”; Sasha era una niña bien: siempre un hilo Victoria´s Secret o alguna pantaletica suave de algodón, para cuando jugaba a ser buena persona.
Para Jack, ser profesor de la UCV –como se dijo más arriba- era una especie de diezmo; pero también se divertía mucho. Era muy estimulante estar rodeados de muchachos jóvenes y briosos, apenas comenzando a vivir.
Como su trabajo real le demandaba mucho tiempo, y, además, estaba acostumbrado a reservar espacios para el ocio, apenas impartía dos materias: Tecnología de la Arquitectura; e Historia de la Arquitectura. Esto le tomaba un par de mañanas a la semana.
Estella salía de viaje por la tarde, de modo que Sasha y Jack acordaron pasar unos días juntos en el Pent House. Él la miró con ternura, sintió una especie de cosquilleo en el estómago, y le dijo:
-Ven. Tráete esa silla hasta acá –justo a la mesa donde descansaba su laptop Lenovo-.
-OK –dijo ella, con una sonrisa de niñita, que le llegó al corazón a Montero.
-Fíjate en estas láminas: la tecnología en arquitectura, no es otra cosa que los principios, pautas y formas de interconexión de los recursos tecnológicos, cuando te toca proponer un proyecto constructivo o arquitectónico. Por ejemplo, se están usando drones en las obras. Impresión en 3D. Y está muy en boga el asunto de las casas sostenibles.
-¡Wow! ¡Qué brutal! –ripostó la niña, con los ojos dilatados como lunas, a cada lámina, a cada foto, a cada video…
La clase del siguiente día a la reunión con el empresario Cova, fue entre 8 y 10 am. No permitían que se levantara sospecha; cada quien salía por un lado distinto, y se montaba en su coche, hasta encontrarse en Chulavista.
Era viernes, y Jack había decidido tomarse el resto del día libre. Así, que luego de la pequeña clase sobre Tecnología de la Arquitectura, abrieron un par de cervezas y echaron a andar el White Álbum de Los Beatles. Los dos estaban alegres, felices –podría decirse-, a sus anchas: pasarían el fin de semana juntos. Y sería mágico.
Jack se sentía eufórico; pero no sabía si dar a esa sensación el nombre de felicidad. Pensaba, con Nietzche, que la felicidad no radica en estar enamorado, sino tranquilo. O como decía Jorge Luis Borges: "Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y quizá, la serenidad sea una forma de felicidad".
2da PARTE
El padre José María Querales, Sj, era el confesor de Jack Montero. Siendo que Jack había desarrollado una relación de 20 años con la Compañía de Jesús, gozaba de algunos privilegios. Odiaba su parroquia, porque –decía él- todo era susurrar y mirar de reojo. De manera que el padre Velasco iba hasta su casa cada dos o tres meses, a confesarlo, y le llevaba la comunión.
De resto, Jack hacía un rosario cada día, y otro puñado de oraciones piadosas como la Coronilla de la Misericordia, un rosario al Corazón de Jesús, entre otros. No obstante, el pacto estaba sellado, y tanto la influencia de la cual lo dotaba el Maligno, como su remordimiento de conciencia seguían estando allí, a la par.
Pasó un fin de semana con Sasha, comiendo, bebiendo, oyendo música, haciendo el amor, y conversando largas horas.
El lunes a las 9 am iría el padre Querales a confesarlo y comulgarlo, de modo que la jovencita se fue a su casa el domingo por la noche.
I
El Toyota “Baby Camry” del padre Querales se aparcó con la suavidad y el detenimiento propios de un conductor sobre los 70 años. Pufffff… se oyó el motor apagarse. Jack bajaba siempre –personalmente- a recibir a su confesor; le tenía un particular afecto.
-¡Padre Querales! ¡Qué gusto verlo!
-Igual, hombre, igual… cómo os habéis portado, ¿ah? –deslizó, socarrón-.
-Ah, padre. As usual. Tengo algunos pecadillos graves que confesar, pero Vd sabe que yo soy un hombre de fe…
-Bueno, vamos hombre, que tengo bautizos en la parroquia de la universidad dentro de un par de horas.
Subieron al elevador aerodinámico que los condujo a un portón de caoba bien pulimentada. Jack abrió el cerrojo, y se abrió ante ellos la vista espléndida del Pent House del arquitecto.
-Pase adelante, padre, está en su casa…
-Gracias, hijo. ¿Qué ha sido de tus padres?
-Bueno, padre, están en Miami. Ya viejitos, pero bien cuidados por mis hermanas.
-A Dios gracias…
Se sentaron frente a frente en el living del PH, uno frente al otro…
-Bien, padre, en general me he mantenido en oración. Ocupado en las clases en la Facultad. Sí, tengo tres chicas que vienen acá de cuando en vez, y –he acá lo grave que tengo que decirle-, pues me he despertado a medianoche lanzando juramentos y maldiciones por el Sagrario; Vd sabe que tengo una pequeña “entente cordiale” con el Maligno…
-Ay, mi querido Jack. Te conozco hace ya 15 años, y doy fe de que eres un hombre de oración y fe. Pero es tu lado oscuro. ¿Quieres que te aconseje algo? Con el Maligno vínculo cero. La Milagrosa pisó la cabeza del Demonio: haz tú lo mismo. Haz lo que puedes y debes hacer…
La confesión duraría unos 15 minutos, y el padre le impartió la comunión; antes de partir, le abrazó con afecto y le dijo: ese pacto con Belial es apenas un tercio de lo que eres; pero no olvides, hijo querido, que un día rendiremos cuentas ante Cristo. Trata de apoyarte lo menos en ese lado oscuro que te atormenta.
II
Así fueron pasando los días para Jack. Lujo, confort, el toque franciscano de docencia, una fe católica que era tan real como su conexión con Satán. Y entendió: no había contradicción. Ni los santos, estaban libres de pecado; quizá el llegaría a ser un santo negro.
Había leído sobre los Santos Rojos, que eran los santos que pelearon en las Cruzadas; y decidió que su fuerza era tal que, si bien le parecía un despropósito aquello de Nietzche de sentirse con ganas de “dividir la historia de la humanidad en dos”, él sí podía hacer un aporte clave a la Santa Madre Iglesia.
El santo que conoce su lado oscuro, que lo toca, que lo huele, que se familiariza con él, y que no le teme. Había decidido renunciar a los hombres. Era ciclo cerrado, algo que había probado y disfrutado –sí-, pero que ya no le hacía la diferencia.
Con el tiempo, sus tres amantes se fueron desperdigando: Estella lo abandonó una mañana tras su última noche juntos: “te amo, pero te tengo que dejar”, dejó un sticker color amarillo en la puerta de su nevera.
Sasha creció, se graduó, se casó y tuvo un bebé. El proyecto en Porlamar fue un éxito de resonancia mundial. Aquel museo anguloso, obscuro, maligno, pero con un toque de color y luz, atrajo a la isla a lo más preciado de la plástica nacional e internacional. Ganó una tajada muy gorda de dólares, y decidió irse a Ibiza y Saint Tropez con Mimí, la amante que le quedaba, a celebrarlo.
Mimí era una sesentona sexy y liberada. Ella le había enseñado muchas cosas, sobre la vida, y el sexo. Y fue ella quien, en una noche de copas frente al Mediterráneo, le hizo entender y resolver adentro de su corazón, su eterna lucha entre el mal y el bien.
Sostuvieron una conversación larga y profunda, bebiendo tragos de diseños y canapés variopintos.
-Mira, Jack. Decía Cerati que “el diablo no es más que un ángel con ansias de poder”. Y cuando te metiste a periquero –a los 18 años- fue en eso en lo que te convertiste. Por eso –en un punto- te convertiste en el mismo Diablo en la tierra. Por eso la gente que no te quiere, te respeta; y la que no te respeta, te teme.
Por eso estamos acá, porque apenas pasas de 40 años y ya eres una celebridad mundial de la arquitectura. Pero hay algo en tu mirada, que se mantiene intacto: la pureza del niño. Como bien dices, adentro tuyo ha habido por años una guerra entre Dios y el Diablo. Yo creo, gracias de los jesuitas, pero sobre todo a tu propia lucha: el rosario, la confesión, la penitencia, la misa; esa lucha impidió que tu niño interior muriera. Al final, tu eres dos tercios Dios; y sólo un tercio el Diablo. La casa gana. Todos tenemos un vicio... pero, ¿sabes qué? Si yo fuera tú, roompería ese condenado pacto, que no te deja vivir en paz...
Jack se quedó en silencio, pensativo -las luciérnagas de luz en Ibiza al otro lado del Mediterráneo-, se sujetó la cara entre las manos y dijo:
-Sí. Tienes razón. El Infierno es un lugar. Acá venimos a jugarnos el pellejo. No vale la pena. Voy a poner fin a esta suerte de pesadilla de mecha lenta. Ha sido más que sufienciente. Y como dice Emilio Lovera sobre el Infierno es muy cierto: "una cosa es el turismo, y otra la inmigración". Además, nada de lo que el Maligno pueda darme, no puede ser superado por Cristo. Tan sencillo.
Pero entonces recordó lo que decía Hemigway sobre dejar de fumar: "es muy fácil, yo lo he hecho mil veces", y sonrío para sus adentros.
FIN


