HOTEL EL BARÓN

 


La luna, esa noche, era un plato dorado e incandescente, que regalaba su luz arriba y abajo: las estrellas y el cielo lucían asombrosamente iluminados, con una especie de luz de Catedral; y abajo, en Caracas –la capital del Infierno- los taxis, los burdeles, las cunas de bebés y las tetas de putas parecían florecer en un brillo de placenta tierna, o miradas de brujas de ojos negrísimos.

Fue hasta el mini bar y se sirvió un whisky seco. Dio fuego a un habano, y se sentó con su aspecto varonil y afilado. María de la Luz, como fue bautizada a los 2 años, era una lesbiana genial e insaciable, reportera nata. Llevaba el pelo cortito, peinado de lado; siempre usaba brillantina.

Estaba hospedada en el Hotel El Barón, cerca del Palacio Federal Legislativo, una vetusta mole color crema, decorada a la usanza de los 70, donde se daban citas artistas, periodistas de política, diputados, y políticos de toda raza y pedigrí.

Toc, toc, toc… se escucharon los puños en la puerta. Ella sabía que se trataba de Julio Pineda Ocando, un diputado de izquierda que tenía cierta información que filtrar, y que había quedado en verse con ella a las 10 pm.

María de la Luz Lange, era hija de un inglés y una negra de Barlovento –azares de la vida- así que tenía la piel cetrina, y un par de ojazos azules, que hacían juego con sus gafas de pasta negra, que parecían sacadas de la cinta La Conversación, de Francis Ford Coppola.

Aquella “bachaca” era la reportera estrella de la revista “Fuego y Poder”, que mezclaba la crónica policial, con perfiles de artistas, modelos, celebridades y figuras pública, pero que ponía foco en la política venezolana de 2025.

-Diputado… pase adelante…

-Mary, ¿cómo estás, preciosa?

-Vamos a decir que bien. Al menos tenemos buena Luna; dicen que se suelta la lengua. ¿Quiere un whisky? –aunque la tutearan, ella nunca lo hacía con su contrario-.

-Nah, vengo de echarme palos en El Galeón –un restaurante que también era punto de recalada de políticos, en la Av. Solano-, no me quiero pasar de la raya.

-Bien, siéntese. Vamos al grano: ¿qué información me tiene?

El diputado se aflojó un poco a corbata, se sentó en un sillón de felpa beige, y sacó del bolsillo interno de su paltó un sobre.

-Acá está. Es un CD. Allí tienes una conversación del presidente Rotondaro y el Secretario de Estado de USA. Harán bulla, incluso echarán unos tiros, y si hay muertos y presos, qué más da. Pero el plan es hacer creer a la opinión pública que Venezuela está enemistada con los gringos; en realidad tienen una “entente cordiale”. Se están lavando las manos. Montarán un teatro.

María de la Luz apagó el habano en un cenicero de cerámica rosada; el humo quedó describiendo círculos de oro en el aire.

-¿Y ustedes? ¿El partido? ¿La base? ¿No piensan hacer nada?

-Nosotros tenemos un tirro tapándonos la boca. No podemos hacer nada. Consummatum est.

FIN



 

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