COMO DOS GOTAS DE AGUA
Había un tipo. Un
tal Ray. Un policía. De alto nivel, pero policía al fin. Un paco Deluxe, pues.
Se habían hecho amigos, porque nuestro personaje, Carmelo Guerrero, era
abogado, y litigaba; defendía criminales.
Lo cierto es que
un día el tal Ray se quitó la careta, y le hizo a nuestro personaje la mamá de
las barrabasadas. No abundaremos en detalle. Desde entonces, se le metió entre
ceja y ceja que le podía verduguear a los culos. Le tenía una envidia feroz.
Guerrero, que
tenía un 9 mm, pensó en matarlo y en huir. Pero, se dijo: no, lo voy a dejar
muerto en vida. Así que lo maldijo de toda maldición; tanto como se puede maldecir
a alguien. Y dice la Biblia que “la maldición del justo será escuchada”.
Desde eNtonces,
agua y aceite. Ambos se evitaban a todo trance. Nuestro personaje llevaba una
vida austera pero feliz, y el paco Deluxe iba de lino y yuntas de oro, pero con
el Infierno mismo ardiendo en sus entrañas.
Y, fíjese usted,
atento lector, como son las cosas: años más tarde a Carmelo Guerrero le surgió
un Ray II. Su propio hermano mayor. Una rata de albañal, un Don Nadie, un loco
de carretera.
Pero como ya había pasado por ese trance, también maldijo a su hermano de toda maldición, aunque esto no fuera muy cristiano. No tuvo que echar un tiro. El chamo quedó en cero.
FIN



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