CRISTO

 


Todo el mundo se ha olvidado de Cristo. Un intelectual prestigioso, en tiempos del Cardenal Ratzinger, dijo que la San Madre Iglesia -bajo su pontificado-, corría el riesgo de convertirse un ghetto de unos pocos.

Y… sí… muchos los llamados… pocos los escogidos…

¿Quién sabe qué nos espera en el Reino de los Cielos, si logramos entrar? “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”, gritaré al menos yo, que no me siento digno del Paraíso sino por los méritos de Cristo.

El Papa Francisco I contaba de una virgen que hay en Buenos Aires: La Virgen de los Granujas. Es la virgen que -cuando San Pedro se descuida-, deja entrar a los bandidos.

¿Por qué habría de ser la Iglesia un gentío? La gente es escoria, y tiene que seguirlo siendo. La gente buena de verdad, es poca, poquísima.

De modo que, más valen unos pocos católicos con un hermoso corazón de carne, que una miríada de católicos con un asqueroso corazón de hierro.

Yo creo que corren tiempos en los cuales la literatura, el buen teatro, la buena mesa, los valores familiares, han sido normalizados como cosa del pasado. El vulgo se ha inventado una referencia -¿musical?- al bestialismo llamado “perreo”, y -salvo las excepciones en las que pongo mi esperanza- los universitarios ya no tumban dictaduras, como cuando Pérez Jiménez.

¡Que venga Cristo! ¡Y que venga arrecho!

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