THE VOW

 


En las cornetas del PC, suena “What a Wondeful World”, en la voz -de ron barato- de Louis Armstrong. Y acaba de decir esta frase: “I love you”. ¿Realmente es un mundo maravilloso? Yo creo que sí. Los que vivimos en la sombra -incluso- tenemos momentos de felicidad. Esto iba a ser una novela corta, pero he decidido que quiero que sea un cuento largo.

Soy exactamente como Cortázar dijo de sí mismo: “yo soy muy flojo para escribir, escribo cuando me da la gana”. Y sigo el consejo de JL Borges, no leo por obligación: si no me gusta un libro, no lo leo. Así sea de Shakespeare. Quizá hubiera sido una “novela sin argumento”, como dice una frase de la rola Elefantes Marinos, de Zapato 3.

Y es que yo, en esta vida, tengo una sola ley: let it flow. Lo dejo ser, lo dejo estar. Una vez una chica me dijo que no había nada más sexy que un hombre que solo estaba, que solo era. Y que un hombre que conoce su lado femenino “es una gran bendición para una mujer”.

Bueno, en realidad se lo dijo a mi amante. Estábamos en un pent house de La Castellana, en un acogedor mini bar -estaba rica la jeva- y ambas se engancharon en un cruce de dardos por mí. Al final de la fiesta nos despedimos con un trompito que nade advirtió. Solo ella y yo.

I

Comenzaré por decir, a un tris de cumplir 50 años, que la fama y el dinero me valen madre. Sólo necesito vivir serena y confortablemente. A ver, no mentiré: me gusta la seguridad que dan unos ciertos ahorros y el confort de un apartamento topo single bien provisto. Pero no quiero un jet; quiero tener salud en abundancia y morir de 100 años, con la felicidad estampada en el rostro.

Tampoco soy de los que necesita una mujer siempre al lado para sentirse cool. Yo -con Nietzsche- creo que un hombre es la medida de la soledad que es capaz de soportar. Yo soy el amor de mi vida. Y soy mi mejor compañía.

¿Son 50 años? ¡Que sean 50 más! Y quiero escribir largo, porque largo es mi sentimiento; como las barbas de Dostoievski, o San Charbel. Ella nunca me amó. Me perdí en el fondo del vaso de ron, en las piruetas azul eléctrico del humo de cigarrillo, quebrando el aire pringoso de la habitación de motel. Como un vidrio que agrietas de un tubazo. Esto era un intento de novela. Pero dicen que soy mejor cuentista, y que soy mejor poeta que cuentista. Pero creo que si lo intento, el verbo será largo, como la barba de Tolstoy.

Ya dijeron los Stones: no puedes tener siempre lo que quieres; pero, si lo intentas, algunas veces puedes obtener lo que necesitas.

De aquello van a hacer 20 años. Y recuerdo mañanas prístinas como un lago en el cielo. Cual si las hubiera vivido ayer. La tela-naranja y sencilla- tapando la ventana, y los dos cuerpos desnudos, tibios, húmedos y crispados de pasión, tendidos sobre la cama. “Voy a hacer café, amor”, me dijiste cuando todo recién comenzaba.

Pero, en el fondo, es lo que dijo Leonard Cohen: así lo que van tras una aventura, como quienes se la juegan en serio, saben que el tiempo y el hastío terminarán por arruinarlo todo.

II

Renuncio al oro, por otro tesoro. La libertad de ser y de andar y de reír y de gozar. Por la belleza de ser un eterno aprendiz. Por tener el tiempo de escribir, sin tener que ir a una oficina; de hacer música.

Por varios años la felicidad me entraba por la nariz. Pero hoy se que todo exceso, te rompe el hueso, te daña los sesos.

He hecho un voto de pobreza, que solo a mi me interesa. Le dicho a Cristo: renuncio al departameno en la playa, a la primavera en Paris, al pastis delante -antes- del café; pero no me quites el placer de la carne. De un coño colorado y caliente.

Pero el perreo es una apuesta por lo procaz, por lo vulgar, por lo soez. Mire, preciado lector, le voy a dar data dura: 6.67 millones de visitas tiene el canal de Youtube de Paul McCartney; ¿sabe cuánto tiene el de Bad Bunny? 208 millones de visitas.

Es insólito que la revista Time edite una versión castellana y le de la primera portada al payaso de Bad Bunny. No contentos con esto, los de Time editaron un número posterior donde el rey el perreo era protagonista, con un título que sugería que el “conejito malo” -como le dicen- era un “legítimo heredero de Frank Sinatra”. Así está la prensa, y así está el mundo.

Y en eso andan las carajitas de 25 años. A mí -más bien- me gusta la mujer madura. La que comparte un ceviche, con un vino blanco bien helado, y prepara brownies aliñados para la sobremesa.

“Una mujer, sin condición, me dijo: ‘sírvete de mí, lo que quieras’. Y tanto me serví, que hoy nubla mi razón, no sé si vivo fuera, o dentro de su corazón”. No siempre hay que escribir largo. Esas palabras le bastaron a Juan Luis Guerra para componer esa suerte de “minuet” que se llama “Sobremesa”. Iba a ser una novela, pero ya vamos cerrando.

¿Irnos a la cama? Primero un juego de dedos. Derribar la cuarta pared. Y entonces, el naturalismo salvaje de los dos cuerpos ardiendo en brasas.

III

Cuando a los 50 años, a Bukowski le ofreció una pequeña editorial 100$ al mes para que se dedicada a escribir, él tenía un montón de años trabajando en una oficina postal. Se dijo a sí mismo: “tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre”.

Pues bien, somos dos. Una vez un colega escritor me dijo: “el escritor está en su mundo; otra cosa es la literatura; y otra el mercado editorial”. En Venezuela, la obra más vendida es el libro de autoayuda, “Padre rico, padre pobre”. ¡Ja! ​ 

Bukowski escribió “Cartero” en tres meses. Fue su primera novela. Murió de unos 70 y tantos años, con cerca de 60 libros editados. Nunca dejó de beber, nunca dejó de escribir. No escribía “para gusta”; escribía porque no podía evitarlo.

 Yo también he decidido morirme de hambre, porque Jorge Luis Borges, como yo, nunca hizo una novela, pero le alcanzó la vida para dar con la piedra filosofal: “Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y quizás la serenidad sea una forma de felicidad”.

Tengo eso: serenidad. Y es mi manera de ser feliz. Ser pobre es rico. Me pregunto si serías capaz de intentarlo.

FIN








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